08-05-2019 Verbalizar, apelar al humor y no castigarse: cómo superar el miedo al ridículo

Decir algo inapropiado, meter la pata, tropezarnos en medio de la calle son situaciones que paralizan e impiden actuar con naturalidad. Por qué el ser humano se ve condicionado por el miedo al ridículo y cuáles son las claves para enfrentarlo

Llamamos sentido del ridículo al miedo que todos tenemos a que los demás se rían de nosotros o nos menosprecien. Se trata de un sentimiento que nos inmoviliza porque nos impide actuar, por miedo a quedar mal, a que nos  burlen, a resultar patéticos o a que no nos acepten. Las personas que padecen un alto sentido del ridículo van por la vida pendientes y preocupadas por no hacer nada inconveniente.

Pasa mucho. Lo primero que hacemos inmediatamente después de caernos, es observar si alguien más nos vio. La mirada del otro nos afecta a todos, tímidos o no ¡Escapate del rebaño! Las personas con baja autoestima y que dependemos en extremo de los juicios de los demás tenemos más posibilidades de ser víctimas del ridículo. Lo mismo sucede con quienes son rígidos y estructurados, con ideas muy firmes sobre lo que los rodea y sobre la sociedad: quienes siguen una moda a rajatabla para que nadie los critique, o controlan su risa para no llamar la atención.

Es tiempo de ser nosotros mismos. Sentirnos ridículos dificulta nuestro desarrollo y la expansión de la personalidad porque impide que hagamos lo que realmente deseamos. Cuando nos sentimos ridículos, estamos sometidos a contradicciones internas respecto de lo que los demás esperan de nosotros y lo que realmente queremos.