09/06/2019 Increíbles testimonios sobre la “misteriosa presencia” de Hitler en la Argentina

Juan Domingo Perón y su ministro de Guerra Franklin Lucero: una historia cuenta que en 1953 el general le encomendó una misión secreta que involucraba a Adolf Hitler.

Esa mañana del verano de 1953, el presidente Juan Domingo Perón llamó a su ministro de Guerra:

-Vea Lucero, tiene que conseguir un oficial de apellido alemán para encomendarle una tarea muy delicada…

El general Franklin Lucero cumplió la orden de inmediato. Y a la mañana siguiente, un joven teniente del Colegio Militar ingresó al despacho presidencial. Perón lo saludó afectuosamente y le preguntó:

-Teniente, ¿usted es de ascendencia germana?

-¡Sí, mi general! Soy de familia alemana…

-Muy bien… Entonces va a hacerse cargo de una misión… Pero me tiene que dar su palabra de militar que será un secreto a muerte.

El joven teniente trató de disimular su asombro. No podía creer lo que le estaba pasando. Los hechos se habían sucedido vertiginosamente: primero, un auto de la presidencia había llegado a buscarlo sorpresivamente; luego, sin explicaciones, lo llevaron ante el presidente de la Nación… ¡Y ahora el propio Perón le encargaba una misión secreta!

Pero todavía faltaba lo más increíble:

-El general Lucero le va a dar las instrucciones precisas – le explicó Perón sin decir más.

A los pocos minutos el teniente recibía, en otro despacho contiguo al del presidente, las asombrosas directivas de Lucero.

-Tiene que llevarle este maletín con documentos a Adolf Hitler… Va a ir a Bariloche. Sale ahora mismo para allá.

No tuvo tiempo para más reflexiones. Lucero le entregó un maletín, con una pulserita que quedó enganchada a su muñeca derecha.

Lo llevaron a El Palomar, donde ya estaba listo un avión militar con piloto y copiloto. No había más pasajeros. Volaron directamente a Bariloche. Al llegar, lo esperaba otro teniente en un jeep del Ejército. Hicieron unos pocos kilómetros bordeando el lago y en menos de media hora llegaron a destino: una estancia patagónica.

Adolf Hitler: según el testimonio de quien fuera un joven a principios de los 50, tuvo un encuentro con el genocida en una estancia de la Patagonia

Con la montaña de fondo, se veía una gran casa, en cuya puerta un asistente lo recibió y lo hizo pasar. La antesala desembocaba en un pasillo largo, con habitaciones a los costados. Al fondo, una sala con enormes ventanales que eran el marco de los imponentes árboles del parque. En el medio, sentado ante un escritorio, estaba Hitler.

Nada menos que el exjefe del Tercer Reich, quien se puso de pie. El teniente lo saludo militarmente. Luego el jefe nazi le tendió la mano y lo saludó cordialmente.

El diálogo fue breve. El oficial argentino destrabó la presilla de su pulsera de seguridad y le entregó el maletín.

Se estrecharon la mano otra vez, a modo de despedida. Y pocas horas después, el emisario estaba otra vez en su habitación del Colegio Militar, en El Palomar.

A partir de ese momento cumplió con su palabra de honor, empeñada ante Perón, de no revelar jamás este episodio.

Pasaron los años. Muchos años. Hace muy poco, en 2017, aquel joven teniente -ya un nonagenario- tuvo que ser sometido a una delicadísima operación. Estaba muy grave. Y como creyó que no iba a superar la cirugía, le dijo a su esposa:

-Yo me voy a morir, así que te voy a contar una historia que es el secreto más grande de mi vida…

La mujer se conmovió por la lealtad de ese soldado, que había mantenido el secreto aún ante ella. Y que ahora se lo revelaba, creyendo que estaba a punto de morir. Ella lo escuchó, creyendo que era su confesión postrera. Pero sorpresivamente, el anciano salió bien de la operación. Hoy vive, es teniente coronel retirado y tiene 93 años.

Abel Basti, periodista, investiga desde hace 20 años la muerte de Hitler, su posible fuga de Alemania y la presunta nueva vida en Sudamérica.  la pista de Hitler en la Argentina desde hace 20 años (EFE)

El cronista conoció esta historia a través de Abel Basti, un periodista patagónico que lleva casi veinte años investigando el tema de la muerte de Hitler, su fuga de Alemania y su nueva vida en Sudamérica. Ya ha editado ocho libros (Bariloche nazi, Hitler en Argentina, El exilio de Hitler, Los secretos de Hitler, Hitler el hombre que venció a la muerte, Tras los pasos de Hitler, Hitler en Colombia y El gran engaño de Hitler) y está a punto de presentar el noveno: La segunda vida de Hitler. (1945- ?).

En ese nuevo libro Abel Basti revelará otras historias, tan apasionantes como la del joven teniente que fue correo entre Perón y Hitler:

-Retomo la historia de Eloísa Luján, una mujer que trabajaba en la estancia San Ramón… Ella, entre otras cosas, dice que había que probar la comida que le daban a Hitler antes de servirle por el temor que tenía el jefe nazi que lo envenenaran. Dice que Hitler llegó a San Ramón en tren, a la estación que está allí, adentro de la estancia. Y yo encontré un documento de 1942 de Inteligencia que dice “el Ferrocarril del Sud estaba en manos de los nazis… Lo manejan alemanes de tal condición y sus hijos”. Y después encontré, de casualidad en San Antonio Oeste, a un electricista que trabajó toda su vida en el ferrocarril y que me dijo “yo lo vi embarcar a Hitler en 1945 cuando tomaba el tren aquí en San Antonio Oeste… ese tren tuvo un problema eléctrico y yo lo arreglé… Y allí estaba Hitler…”.

La estancia san Ramón, donde según el investigador Basti, Hitler vivió refugiado después de huir de Alemania

La zona de la Patagonia en la que se habrían instalado Hitler y los nazis a partir de 1945 era enorme, según asegura Basti:

-Aproximadamente un millón de hectáreas… un tramo similar a países como Chipre, Líbano o Jamaica. Se extendía desde Bariloche hasta San Martín de los Andes, Santa Mónica, el Cóndor, Fortín Chacabuco, las propiedades de Villa Traful y Villa La Angostura, Lago Hermoso, Meliquina, Collón Curá… Es una franja de norte a sur, de este a oeste, que incluye parte de áreas fiscales de los Parques Nacionales Lanín y Nahuel Huapí.

Entusiasmado, Basti sigue aportando datos de su investigación:

-Documentos de inteligencia de la policía de 1941 señalaban que “se están formando pueblos nazis en Villa La Angostura y Villa Traful”. En entonces director de Parques Nacionales, Exequiel Bustillo adjudicó tierras y la embajada de EE.UU hablaba de la constitución de Sofina, un holding que nucleaba empresas alemanas con gente de la aristocracia porteña… Allí tuvo mucha importancia el Dr. García Merou, que era abogado de muchas compañías. Él era el dueño de la estancia Inalco, donde se refugiaba Hitler esporádicamente. Yo tengo el testimonio de Francisca, una empleada que lo atendió allí, que aún vive… Ella recuerda que era un hombre que usaba botas largas, chaqueta y daba órdenes en alemán. Y que cuando estuvo en Inalco le llamó la atención que la residencia tenía luz toda la noche y todo el día, no se cortaba. Hitler estaba allí con Eva Braun y una pareja de alemanes más jóvenes que ella no sabe quiénes eran.

Hasta que podamos encontrar las respuestas, recordemos lo que dijeron dos grandes protagonistas de la historia de esos años.

El general Dwight Eisenhower, comandante supremo de las fuerzas combinadas anglonorteamericanas en la Segunda Guerra Mundial, reconoció:

-No hemos sido capaces de descubrir siquiera una pequeña evidencia tangible de la muerte de Hitler en Berlín.

Joseph Stalin, dictador ruso y presidente de la Unión Soviética, fue terminante:

-Hitler no ha muerto, estoy convencido de que está vivo, oculto en algún sitio…